Los niños filipinos son más guapos


Solo varios ejemplos…Los niños filipinos tienen un algo especial, una carita especial, una mirada especial quizá…No lo sé. Pero son más guapos.

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En busca de Miss San Valentín

Cuando se trabaja por la juventud es necesario buscar nuevas formas de diversión. En la villa de San José se situa la casa de las religiosas de Santa María Inmaculada. Punto de encuentro de cientos de jóvenes, esta casa se ha convertido en la discoteca, sala de Fiestas y bar-restaurante más popular del barrio. Las hermanas se han encargado de proporcionar un lugar de “entretenimiento sano” para los adolescentes y estos se muestran encantados.

Con ocasión del día de San Valentín las monjas organizan en su casa un auténtico concurso de belleza. 13 candidatas de entre 18 y 23 años se enfrentan por el título de Miss San Valentín. Vestidas de coctel, traje largo, ropa de deporte o “casual” compiten en una divertidísima batalla en la que no sólo el físico cuenta. Pruebas de talento, pregunta y respuesta, intermedios con cantantes, bandas, corona y rosas… Toda una americanada. Después del concurso, más espectáculo con un grupo de rap del barrio, una presentación Power Point sobre la preparación del concurso y baile hasta las tantas.  Aquellas niñas que no pueden volver solas hasta sus casas también disponen de algunos cuartos para quedarse a dormir hasta el día siguiente. Las hermanas se lo facilitan todo.

Miss San Valentín… Aunque parezca una horterada, niñas cuya vida se reduce a trabajar duro para ganarse los cuartos se sienten reinas por un día.Y así, tan felices, da gusto verlas.

El Doctor Villaruel

Lo más atractivo de viajar y conocer otras culturas es la gente tan fascinante que te encuentras por el camino. Aquí he podido hablar con muchísimas personas interesantes. Personas con las que he compartido horas y horas de charlas y preguntas. Una de ellas fue el Doctor Villaruel. Este médico filipino, especializado en cirugía general, compartió conmigo sus incontables anécdotas de 33 años de ejercicio en África.Trabajó para la ONU durante los dificilísimos años 70 africanos y, protegido por los cascos azules, vivió en propias carnes sucesos tan desgarradores como la guerra civil de Ghana. Y fue testigo de todo su horror.

Cuando tenía 26 años habló con su mujer y juntos decidieron emprender la aventura. Se unió a los efectivos sanitarios de la ONU y marchó a un pueblo que ni siquiera encontró en los mapas. Durante años marido y mujer vivieron en una casucha sin agua y sin luz. Estuvieron 22 meses sin salario. Al final, se acumuló una cantidad de 7000 dólares y pasó un año hasta que llegó la transferencia y pudieron ir al banco a cobrarla. Al llegar, les esperaban dos maletas llenas de dinero. “Imagínate el miserable valor al cambio de la moneda nacional”, sonríe.

Recuerda con especial angustia, y ojos cristalinos de haber visto demasiado, que una de las cosas más difíciles fue aprender a aceptar. Aceptar vivencias tan terroríficas como las que le tocó vivir en Sierra Leona. “Las drogas hicieron estragos en la guerra. Una de las anécdotas más duras que recuerdo ocurrió en un día cualquiera. Dos soldados observaban atentos el paso por la carretera. Una mujer embarazada cruzó la acera y ambos milicianos empezaron a discutir sobre el sexo del bebé que esperaba mujer. No se ponían de acuerdo. Uno de ellos decía que parecía varón porque tenía el vientre más hinchado. Al final, para acabar la discusión cruzaron la carretera. Cogieron a la mujer, la asesinaron y averiguaron el sexo del niño abriéndole el abdomen. Ambos soldados estaban completamente drogados.”, conmemora con horror.

También recuerda prácticas tan brutales como las ceremonias de limpieza de trono de los ashanti. Un ritual que fue duramente criticado por los activistas pro-derechos humanos y supuestamente erradicado pero que, según el doctor, continúa haciéndose en secreto. La ceremonia consiste en una limpieza simbólica tras el paso de un líder a otro. Se realiza con sangre y dependiendo del rango del fallecido se sacrifican más o menos hombres.

Actualmente el Doctor Villaruel sigue ejerciendo como cirujano en el hospital de Puerto Galera, Mindoro. Todos los jueves acude hasta la misión que las monjas de la Caridad de Santa Ana han montado allí con la tribu de los Mangyanes. En ella realiza cirugías menores y ayuda con los casos más graves en la clínica de Sister Elsie. Dice que lo más complicado es convencer a los miembros de la tribu para que sigan los tratamientos. “Al principio confiaban más en sus curanderos particulares porque tenían miedo a las inyecciones y lo que pudiera ponerles. Venian a la consulta con cosas escritas por la cara y hojas y ungüentos caseros por el cuerpo. Ahora, poco a poco, se han acostumbrado”. Entre los casos más difíciles recuerda el parto de una niña de 12 años a la que “casaron demasiado pronto”. Afortunadamente todo salió bien.

Color,tradición y música

Una selección de fotografías de distintas interpretaciones del arte filipino. Color y ritmo imperan en los trajes y bailes típicos que constatan en cada una de sus manifestaciones que Filipinas es una fiesta continua.
Los filipinos nacen con el preciado don para la música. Desde bien pequeños ensayan coreografías inventadas y cantan y entonan muy bien. Ellos y ellas. Aquí es difícil encontrar torpes en los bailes o desentonados y con poco oído en la música. Desde la tradición con danzas como La Cariñosa hasta el recién encumbrado entre los adolescentes, Justin Bieber acompañan un país con ritmo propio. En el vestir, el imperativo es el color y los tejidos naturales. Otro dato es que la religión siempre subyace en el espíritu de las fiestaspopulares y, como el catolicismo es herencia española uno siempre encuentra similitudes entre las manifestaciones culturales de ambos países .

Esta fotografía pertenece a una reinterpretación del ballet El Cascanueces con vestuario tradicional filipino. La compañía que dirige Sofía Zóbel de Ayala quiso hacer llegar la cultura a aquellos que no pueden permitirse ir al teatro. Por ello decidió sacar el ballet de los escenarios y llevarlo hasta los centros comerciales. Esta fotografía fue tomada durante una de las representaciones gratuitas en el centro comercial Alabang Town Center.


Estas máscaras son las típicas que utilizan los filipinos para una de las fiestas más tradicionales: la procesión del Santo Niño. Esta fiesta de cariz religioso se celebra cada tercer domingo de enero en varias provincias y ciudades del país pero la más famosa es la de Cebú. En ella se conmemora el hallazgo de una imagen del Niño de madera en una iglesia de Cebú hace más de un siglo. A la de este año asistieron más de dos millones de devotos para pedirle milagros al Niño.

Esta es una selección de Fotografías para admirar el color, los tejidos y las formas en los trajes tradicionales filipinos. Pertenecen al 47 aniversario del centro Elsie Gaches, en  donde se conmemoró la cultura popular de cada una de las regiones del país.

Estas dos imágenes pertenecen a la tradición popular de Luzon del Norte, donde antiguamente los nativos rezaban y bailaban al son del bongo.

Estas últimas fotografías fueron tomadas durante  la procesión conmemorativa de Saint Jerome Emiliani, un santo muy querido entre los filipinos ya que dedicó toda su vida a ayudar a los huérfanos, las prostitutas y los más necesitados. Unas doscientas personas recorrieron calles y carreteras de Alabang con las imágenes de su Santo a cuestas. En la última imagen podéis ver lo cerca que pasaban los coches entre los devotos.

Filipinas, país de contrastes

Este vídeo está en inglés y es un poco duro. Aun así os aconsejo que le echéis un vistazo. http://www.metacafe.com/watch/1503762/payatas_a_mirror_of_poverty/

Camino de la embajada española en Forbes Park (uno de los núcleos más ricos de Manila y en donde reside la mayoría de la jet set filipina) el Padre Julio, más conocido como father Julio,desahoga sus más de 10 años de misiones en el país. Filipinas es un país de contrastes. La pobreza es visible en todas partes. Convive con el día a día de cada región, ya sea en entornos urbanos escondida entre grandes edificios de oficinas y carteles publicitarios o en las provincias, hacinada en suburbios fabricados con chabolas.

Una de las manifestaciones más crueles de esta realidad es Payatas, un basurero en el que viven y trabajan tantas personas como habitantes tiene la ciudad de Pamplona; En 2001, como ya mostró tele 5 en un reportaje, unas 43.000 personas (entre ellas más de 20.000 niños llamados jump-boys) trabajaban día y noche recolectando plásticos, cartones y metal. Hoy, según el padre Julio, son más de 200.000.

Un enorme estercolero divide esta ciudad basura en dos subzonas: Payatas A y Payatas B. No hay datos exactos del comienzo de este asentamiento miserable pero father Julio asegura que tiene unos 18 años. El origen, según el sacerdote, nace con los desalojos de Manila y el traslado de basuras. El Gobierno decidió reutilizar unas tierras que pertenecían al cuerpo militar y creó un enorme basurero de provincias que dañase menos la imagen filipina que un basurero en mitad de su gran capital. Poco a poco, las familias más pobres fueron invadiéndolo al ver algunas posibilidades de negocio. Éstas familias que hoy sobreviven recolectando los desperdicios son las mismas que vivían entre los huecos de Manila recolectando los desechos de la metrópolis. Plástico, papel y metal por unos 90 pesos (1,5euros) al día. Siempre en el mejor de los casos.

En el último derrumbamiento las lluvias removieron las basuras y 200 personas murieron sepultadas bajo montañas de desperdicios. A pesar de que fueron noticia por ello en 2001, y varias televisiones nacionales emitieron emotivos reportajes, hoy sólo unos pocos como father Julio se acuerdan de Payatas. En Smoke Mountain, otro ejemplo de ciudad basura, viven más de 3000 personas, entre ellas 2000 niños. Al día, unas 75 personas mueren por las distintas infecciones derivadas de la suciedad.

Mientras llegamos a la embajada, el sacerdote ataca las tremendas injusticias entre clases. Hace 10 años el 5% de la población filipina pasaba hambre. Hoy esta cifra ha crecido hasta el 21%( el 23% en la ciudad de Manila) ¿Cómo puede ser que un país con estas condiciones tenga una moneda fuerte?”El peso es cada vez más fuerte en un país cada vez más pobre”, se lamenta father Julio.

El principal problema, según él, radica en la ancladísima corrupción política. Sólo unos pocos manejan el dinero en el país. Un país narcotizado por la publicidad que sirve de mercado a China y EE.UU pero que no produce nada. Un país donde la gasolina, las farmacias y la electricidad viven en un comodísimo régimen de monopolio que merma las posibilidades diarias de una población demasiado pobre. Filipinas, un país maravilloso pero en el que los ricos al morir donan la cantidad suficiente de dinero para construir una basílica, pues piensan que así obtendrán la salvación eterna, y los pobres apuestan a las cartas para poder enterrar a sus muertos. Pero ese es un tema para toda una entrada aparte.

Eso sí, el optimismo y la felicidad de la gente es inmensamente envidiable por nuestros queridos países de occidente. Y no es un tópico, es lo que cada día veo en la gente. Una anécdota: al centro Elsie Gaches llega una remesa de medicamentos donados por España. Yo, que hice las traducciones de cada prospecto, me doy cuenta de que en su mayoría son fármacos antidepresivos, ansiolíticos o para la hipertensión. A veces, en días pesimistas, no se me ocurre un mejor ejemplo para definir nuestra sociedad. Por ello, y pese a todo, quizá sí tengamos algo que envidiar.

Sabemos tagalo…¡Sin saberlo!

Tatay, vestido con camisa regional filipina sujeta orgulloso la bandera de su país. El patriotismo nace de la influencia  americana. La ceremonia de la bandera, el himno con la mano en el pecho y los BoyScouts aquí son instituciones sagradas

Los casi 400 años de historia española han dejado su estampa inconfundible en la cultura filipina. La lengua, las fiestas, la gastronomía… todo habla de un pasado en común, aunque eso sí con sus luces y sus sombras.

Una de las manifestaciones más palpables de dicha influencia es el idioma. El tagalo, idioma oficial en Filipinas, contiene más de un millar de vocablos (casi una tercera parte del total) que, o bien mantienen su raíz española o se han conservado intactos en su español de origen.

Hagamos una prueba. Intenta adivinar el significado de estas expresiones y palabras en tagalo:

Kumusta?
Anong oras na?
Gusto ko…
Para po!
Parejo
Syempre
sybuya
Lechon
Kalesa
probinsiya
Bápor
Lapis
Baka
kacharo
ama
benta
berde
beses
siete
silya
kastilyo
symiento
guwapo
prutas

Ahora compruébalo (Traducción: tagalo / español)

Kumusta? / ¿Cómo estás?

Anong oras na?/ ¿Qué hora es?

Gusto ko… /Me gusta…

Para po!/ ¡Párate!
Parejo/ igual, similar
Syempre/ siempre
sybuya/ cebolla
Lechon/ cerdo asado
Kalesa/ carro de caballos
probinsiya/ provincia
Bápor/ vapor de agua
Lapis/ lápiz
Baka/ vaca
kacharos/ utensilios de cocina
benta/ vender
berde/ verde
beses/ cuantas veces
siyete/ siete
silya/ silla
kastilyo/ castillo
symiento/ cemento
guwapo/ guapo
prutas/ frutas

Quizá te hayan hecho gracia estos ejemplos. La lista es larguísima. Hoy en día , por ejemplo, es mucho más común en Filipinas contar utilizando el inglés(one two, three) o el español(uno, dos, tres, cuatro)…que el propio tagalo( isa, dalawa, tatlo, apat…).

En la actualidad, un pseudoidioma ha comido terreno a todos los demás: el taglish, una mezcla a veces imposible del inglés y el tagalo(con sus propia influencia española).

Pese a todo, he de decir que aprender a hablar auténtico tagalo nativo es bastante complicado. Ahí van algunos ejemplos por si quieres empezar a intentarlo:

Magandang araw/ buenos días,    mahal kita/ te quiero,    ako si Maria/me llamo María,   ano ang pangalan mo?/¿cómo te llamas?

Coches o bicicletas y adolescentes

Carlito, el chófer del colegio, decora su vehículo para salir a la procesión   Carlito, chófer del colegio decora su vehículo antes de la procesión

Todos los años se celebra en el colegio la fiesta de las familias. Todo el mundo saluda diciendo: ¡Happy fiesta! Los padres de los alumnos pasan el día en la escuela que se llena de gente y actividad. Unas 2500 personas abarrotan el patio y las instalaciones.

Lo primero que se hace es una procesión por el barrio; cada familia saca a sus hijos en su moto, coche o trycicle (vehículo típico similar a un sidecar) lo decoran con globos y flores y pasean pitando en cada calle y tirando caramelos a los niños. Después una misa con ofrenda, una rifa cuyo premio principal es una nevera (todo un lujo), un show con los alumnos y por último juegos patrocinados por el ayuntamiento. Asomándose al parking se puede ver perfectamente la diferencia de clases en el colegio. Aquí la distancia la marca la calidad del vehículo familiar y la posesión o no de chofer. Así, en una escala: bicicleta, bicicleta con sidecar hecho de cajones de madera, scooter, trycicle, moto de carretera y coche en todas sus condiciones y gamas. Lo gracioso es que los 5 o 6 miembros de la familia, como por arte de magia, caben igual en la bici que en el monovolumen. En Europa las familias ricas suelen conducir sus propios vehículos lujosos. A la gente le gusta conducir. En Filipinas en cambio, la clase pudiente siempre tiene uno o varios chóferes por vehículo. El tráfico horrible y la falta de seguridad vial lo hacen casi imprescindible entre los primeros lujos.

Mientras avanza la fiesta en un corro “de chicas” las niñas de 15 años me preguntan si estoy casada. Les contesto que no y se sorprenden mucho. “So, are you going to became a Sister?” Según me cuentan ellas, en Filipinas la edad normal para contraer matrimonio ronda los 19 o 20 años. Aunque todo depende de la zona y de la educación de las niñas porque he conocido casos, a través de las monjas, de bodas a los 14,15 o 16… No es frecuente en las zonas más ricas como Quezon City o Makati.

3 adolescentes en la fiesta.Los filipinos adoran hacerse fotos y subirlas a Facebook